Un motor sobrealimentado por turbo lleva una turbina que gira impulsada por los gases de escape, y a su eje va fijado un compresor centrífugo que toma el aire del filtro y lo introduce a presión en los cilindros.
Cuanto más aire entra, más combustible se puede quemar y más potencia entrega el motor.
En el lado de la inyección, una bomba de desplazamiento envía cantidades variables de combustible mediante émbolos unidos a cada cilindro, y los inyectores, que son electroválvulas capaces de abrirse y cerrarse millones de veces sin fugas ni escapes de carburante, lo pulverizan en el conducto de admisión o en la cámara de precombustión. Esa precisión es la que medimos en nuestro laboratorio diésel en Santiago de Compostela antes de tocar nada.
Si nota pérdida de potencia o humo negro, pídanos un diagnóstico del turbo y la inyección en Santiago de Compostela.